Y las peluquerías están cerradas…

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peluqueríasY las peluquerías están cerradas…

Aunque los tiempos estén duros, no puedo dejar de arreglarme el pelo, dice Laida mientras se pasa la mano. Hace un tiempo la vi con un pañuelo a la cabeza. Un día, todos los días. No podía más con la pañoleta, dice, quería soltar el pelo. Pero ya no tenía un color, y las puntas estaban muy maltratadas. Para los hombres es muy fácil, si quieren se pelan al rape, y listo. La presencia de la mujer depende del pelo; de las uñas también, pero el pelo es lo que marca la gracia de una mujer. Ahora Laida trae nuevamente el cabello suelto y negrísimo, todavía trae en la frente la marca del tinte. No te voy a explicar cómo lo conseguí, me dice.

Lucy me cuenta que para mantener su cabello gasta mucho, es casi como si fuera a comprar carne de res. Y Yayi, que tiene una hija que acaba de celebrar los quince años, me escribe que compra los productos en los grupos que revenden de los que compran en MLC, o de los productos que traen los que compran fuera de Cuba. Su hija se los aplica. Ella tiene en casa secador y plancha. Hay otras como Ada que decidió arriesgarse, “el mes pasado fui a la peluquería, y veinte días después vinieron a buscarme porque la peluquera me dio como contacto directo y ella era positiva a la Covid. La raíz me llegará a las nalgas, pero ahí se queda. Sin mencionar los 500 pesos del arreglo”.

Afortunadamente el pelo de Linet, me escribe, es de naturaleza rizo. Usa productos naturales como sábila, huevo, bicarbonato, vinagre, flores de marpacífico. Excepto las flores de marpacífico los otros productos cuestan dinero en el mercado negro, incluso la sábila se vende cara en este tiempo de reordenamiento. Dice Linet que encontró un grupo que le enseñó a tratar sus rizos, “pues son muy especiales y necesitan ser cuidados mucho más que el pelo lacio, y resulta que para lograrlo se necesita productos limpios de compuestos químicos nocivos, así que lo mejor es buscar productos con estas características o simplemente fabricártelos con productos naturales y ha resultado muy efectivo y hasta mejores”.

Me contó Antonia que tuvo que darle una benadrilina a una muchacha porque sufrió de alergia con un peróxido que se echó en el cabello; dice Antonia que eso puede ocurrir en cualquier tiempo, pero en estos tiempos de Covid la gente hace de todo por dinero. Ha escuchado historias de mujeres a las que el peróxido de estos tiempos les ha encrespado el pelo, y dice Antonia que le contaron allí mismo de una que se hizo los rolos y cuando se los quitó salieron con pelo y todo y se quedó calva. La muchacha tuvo que ponerse trencitas, pero ya le estaba saliendo cuando se lo contaron. Y dice Antonia, que las peluquerías han subido el precio; sin embargo, para el Día de las madres, las peluqueras no trabajaron.

Cuando la primera etapa de la covid, o sea en el 2020, dice Yary, “sentí ganas de cortar mi cabello, y como ahora, estaban cerradas las peluquerías. Le pedí a mi madre que lo hiciera. Ella no salía del asombro pues me recordaba no es peluquera, y nunca tuvo inclinación por ese arte. Yo insistí y lo hicimos, lo mejor de todo fue que fue muy bueno el resultado. Luego de eso han continuado varias etapas, incluido cierto aire de clandestinidad. Soy una mujer negra que aplica tratamientos químicos para estirar el cabello. No lo asumo como una crisis de identidad o sometimiento a patrones culturales, lo asumo como una cuestión de gusto y decisión personal”.

Cuenta Yary que estando cerrada la peluquería de barrio a donde ella va tuvo que llamar a la peluquera para que fuera a su casa. De retroceso a la situación epidemiológica en la ciudad, otra vez cerraron las peluquerías y las peluqueras tuvieron que sobrevivir económicamente desde estrategias de clandestinidad u otros quehaceres. “Cualquiera tomaría este acto por negligencia, pero esa es su única fuente de ingresos. Hoy me entrego una vez más a la buena voluntad de mi madre”.

Las mujeres trabajadoras no tienen dónde comprar productos. No pueden hacer las largas filas. Muchas veces tienen que escoger entre lucir o comprar alimentos. Así que se lavan con jabón si no aparece champú, se lo dejan al estilo afro descuidado, se amarran turbantes, usan pelucas, implantes, o se lo cortan. Casi todas tienen fe en que todo pasará y volverán a abrirse las peluquerías, pero mientras, tienen que seguir arreglándose el cabello.

Por Yunier Riquenes García