Picaduras de verano, cómo distinguir una reacción leve de una situación de riesgo

Picaduras de verano, cómo distinguir una reacción leve de una situación de riesgo

Dificultad respiratoria, mareos, hinchazón facial o manifestaciones generalizadas requieren solicitar asistencia sanitaria urgente

 Córdoba, 18 de agosto de 2026.- Mosquitos, avispas, abejas, pulgas, jejenes e incluso garrapatas forman parte del paisaje habitual del verano y, aunque la mayoría de sus picaduras provocan únicamente molestias locales, algunas pueden desencadenar reacciones de mayor intensidad que requieren vigilancia o atención sanitaria. Saber diferenciar unas de otras y actuar correctamente desde el primer momento es clave para evitar complicaciones, según afirma el doctor Francisco Sánchez, jefe del servicio de Urgencias del Hospital Quirónsalud Córdoba.

El doctor Sánchez explica que “la mayoría de las picaduras de insectos producen una reacción localizada que se manifiesta con enrojecimiento, picor, un pequeño bulto e hinchazón leve”. Estas molestias se deben principalmente a la respuesta del organismo frente a sustancias presentes en la saliva del insecto y suelen evolucionar favorablemente.

Ante una reacción local, el especialista recomienda lavar la zona con agua y jabón y aplicar frío local mediante una compresa fría durante unos 10-15 minutos, varias veces al día, para aliviar el picor y reducir la inflamación. En caso de que exista hinchazón en manos o brazos, es aconsejable retirar anillos, relojes u otros objetos que puedan ejercer presión sobre la zona.

“Es importante evitar rascarse, aunque el picor sea intenso, porque podemos favorecer una infección y aumentar el riesgo de que quede una mancha o una alteración de la piel”, explica el doctor Sánchez. En función de la intensidad de la reacción, un profesional sanitario puede valorar la necesidad de utilizar tratamientos específicos como antihistamínicos para tratar el picor y la hinchazón, corticoides en lesiones muy inflamadas sobre reacciones por picaduras de mosquito, o analgésicos para disminuir el dolor.

Una atención especial requieren las picaduras de abejas y avispas, que pueden provocar desde una reacción localizada de gran tamaño hasta una reacción generalizada, mucho menos frecuente pero potencialmente grave (anafilaxia). Una reacción local extensa puede mantenerse durante varios días y presentar una inflamación considerable sin que ello implique necesariamente una reacción alérgica grave.

La situación cambia cuando aparecen síntomas alejados del lugar de la picadura o manifestaciones que afectan al conjunto del organismo. “La dificultad para respirar, los pitidos, la sensación de opresión en el pecho o en la garganta, la ronquera, los mareos, el desmayo, una hinchazón de labios, cara o lengua, la aparición de urticaria generalizada o los vómitos repetidos son señales de alarma que requieren solicitar asistencia sanitaria urgente”, advierte el doctor Sánchez.

En estos casos, especialmente cuando los síntomas aparecen rápidamente tras la picadura, puede tratarse de una reacción alérgica grave, por lo que no se debe esperar a comprobar si los síntomas desaparecen por sí solos, siendo la adrenalina el tratamiento adecuado. Las personas con alergia conocida a venenos deben llevar un autoinyector de adrenalina, usarlo siguiendo las indicaciones de su médico y acudir a urgencias. En estos pacientes, la inmunoterapia específica puede constituir una medida preventiva eficaz para reducir el riesgo de futuras reacciones.

Reducir la exposición es una de las medidas más eficaces para evitar las picaduras durante los meses de mayor actividad de los insectos. El doctor Sánchez recomienda recurrir a barreras físicas como ropa de manga larga y pantalón, especialmente en zonas con abundante presencia de insectos, así como utilizar mosquiteras y mantener protegidas puertas y ventanas.

También aconseja evitar la acumulación de agua estancada y utilizar repelentes siguiendo siempre las indicaciones del fabricante. Estos productos pueden emplearse también durante el embarazo y la lactancia siempre que se respeten las recomendaciones de uso establecidas.

Así, tomar determinadas precauciones adquiere especial importancia cuando se realizan actividades al aire libre. No caminar descalzo, evitar perfumes intensos y extremar el cuidado al comer o beber en el exterior son medidas sencillas que pueden reducir el riesgo de sufrir una picadura.

Garrapatas, una picadura que requiere una actuación diferente

Entre las picaduras que merecen una consideración especial se encuentran las de garrapata. Si se encuentra una adherida a la piel, debe retirarse lo antes posible utilizando unas pinzas finas, sujetándola lo más cerca posible de la piel y tirando hacia arriba con una presión constante. “No debemos aplicar sobre la garrapata alcohol, aceite, vaselina, gasolina, hielo o calor para intentar que se desprenda, ya que estas prácticas no están recomendadas”, señala el doctor Sánchez. Una vez retirada, se debe limpiar bien la zona con agua y jabón. Si quedara algún resto, no es aconsejable manipular o escarbar en la piel, sino consultar si fuera necesario.

La mayoría de las picaduras de garrapata no requieren tratamiento específico, aunque es importante vigilar la evolución durante los días posteriores. En determinadas circunstancias,

como cuando se trata de una garrapata del género Ixodes, ha permanecido adherida durante más de 36 horas y la picadura se ha producido en una zona de alta endemicidad, un profesional sanitario puede valorar medidas preventivas frente a la enfermedad de Lyme.

Durante los 30 días siguientes conviene prestar atención a la aparición de una mancha roja que aumente progresivamente de tamaño, fiebre o síntomas similares a los de un proceso gripal, y consultar con un profesional sanitario si aparecen. Por último, en hogares con animales de compañía, el especialista recuerda la importancia de mantener de forma regular las medidas de control antiparasitario recomendadas para prevenir la presencia de estos parásitos en el entorno doméstico.

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