Las trampas de la deuda, ¿quiénes son los culpables?

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EE.UU da dinero barato que luego encarece; China apuesta por crear empleos e ingresos

BEIJING, 28 ene (Xinhua) – Muchos de los problemas que hoy afrontan numerosos países, especialmente en América Latina y África se deben a haber aceptado importantes préstamos en buenas condiciones, que al final no pueden pagar. Así se explican las deudas excesivas infligidas a nivel mundial por Estados Unidos, intencionalmente o no, junto con algunos otros países occidentales e instituciones financieras.

Por lo general, el asunto comenzaba con tasas de interés bajas, principalmente porque Washington así lo prefería, lo que aumentó la dependencia de los países en desarrollo de los mercados occidentales. Sin embargo, la situación se complicó cuando los costos de endeudamiento subieron tanto que los deudores se vieron atrapados. Fundamentalmente, esta es la hegemonía financiera de EE. UU., impuesta en circunstancias en las que el dólar estadounidense domina.

Entre las víctimas del siglo pasado estaban África y América Latina. En la década de 1970, muchos países latinoamericanos, alentados por Washington, tomaron préstamos para su desarrollo económico de un grupo de acreedores encabezados por bancos comerciales de EE. UU. con tasas de interés reales cercanas a cero. No obstante, años más tarde, Estados Unidos y Europa endurecieron sus políticas monetarias, y los bancos comerciales comenzaron a acortar los períodos de pago y cobrar tasas de interés más altas por los préstamos. Los deudores latinoamericanos pronto encontraron que sus cargas eran insostenibles, y lo que siguió fue una crisis de la deuda tan grave y prolongada que los años ochenta del siglo pasado se ganaron el apodo de la «década perdida en América Latina».

No hace mucho, la historia ha vuelto a repetirse. Cuando Estados Unidos celebró a mediados de la década de 2010 su recuperación económica tras la crisis financiera mundial de 2008 y se dispuso a poner fin a su programa de estímulo de expansión cuantitativa, las tasas de interés aumentaron considerablemente, lo que una vez más aumentó la carga de la deuda de los mercados emergentes.

China apoya la energía y los transportes

Para los países en crecimiento, el desarrollo sostenible se convierte en una forma sana y eficaz de deshacer el nudo de la pesada carga de la deuda. Esto es en lo que China ha estado ayudando a estos países en los últimos años. Con la facilitación de préstamos para abordar la brecha de infraestructura doméstica, estos países en desarrollo pueden crear empleos e ingresos, y los préstamos se convierten así en un catalizador para el crecimiento sostenible en lugar de una carga. Por ende, estos préstamos son fácilmente aceptados por los países en desarrollo, desencantados con los esquemas de préstamos ideados por las élites occidentales.

De los préstamos chinos en el continente africano entre 2000 y 2015, alrededor del 40 por ciento pagó proyectos de energía y el 30 por ciento se destinó a infraestructura de transporte, según la Iniciativa de Investigación China-África de la Universidad Johns Hopkins. Para atenuar aún más la presión de los deudores, China ha promovido activamente el alivio de las obligaciones mediante la reestructuración, suspensión y reducción de la deuda.

Tras el inicio de la pandemia de COVID-19, China anunció la cancelación de la deuda de 15 países africanos en forma de préstamos gubernamentales sin intereses que debían vencer a fines de 2020. Los investigadores de la Universidad Johns Hopkins documentaron 16 casos de reestructuración de deuda por valor de 7.500 millones de dólares en 10 países africanos entre 2000 y 2019, y descubrieron que China canceló los atrasos acumulados de al menos 94 préstamos sin intereses por más de 3.400 millones de dólares.

El país asiático, según la investigación, ha desempeñado un papel importante en ayudar a las naciones africanas a gestionar sus deudas. Sin embargo, las acciones de China han sido ignoradas por el mundo occidental liderado por Estados Unidos, que contribuyó poco al alivio de la deuda de los países en desarrollo en tiempos tan difíciles y, en cambio, fabricó las llamadas trampas de la deuda para estigmatizar a China y la iniciativa de la Franja y la Ruta, en un intento por mantener su hegemonía financiera y obstruir el desarrollo común de China y otros países a lo largo de la Franja y la Ruta.

Si esos países occidentales realmente se preocupan por el mundo en desarrollo, simplemente deberían demostrar su sinceridad para ofrecer el apoyo incansable que los países endeudados anhelaron durante mucho tiempo, en lugar de jugar el viejo truco de la «trampa de la deuda china».

O al menos, deberían mantenerse fuera del camino de aquellos que genuinamente brindan una mano amiga.

La trampa de la deuda

Para mitigar el aumento de la inflación en Estados Unidos, el gobernador de la Reserva Federal, Christopher Waller, dijo recientemente que el banco central estadounidense tendría que aumentar las tasas de interés «más agresivamente», esperando «cuatro, tal vez cinco alzas» este año.

Dado el dominio del dólar estadounidense en el sistema monetario internacional actual y su poder de fijación de precios, cualquier gran acción por parte de la Reserva Federal obviamente puede afectar a la construcción de la deuda o a la estabilidad financiera de otros países, especialmente de las economías emergentes. La historia ha demostrado que las crisis de la deuda en los países en desarrollo se han relacionado causalmente con la fluctuación del dólar y, por lo general, Estados Unidos ha salido de las crisis con pocas pérdidas o incluso ganancias, mientras que la solvencia de los países en desarrollo se ha visto gravemente socavada.

En 2020, la deuda global experimentó el mayor aumento en un año desde la Segunda Guerra Mundial, llegando a 226.000 millones de dólares estadounidenses en medio de la aparición de la COVID-19 y una profunda recesión. El dilema de la deuda de algunos países africanos y latinoamericanos volvió a estar en el punto de mira. Argentina, por ejemplo, se encuentra actualmente negociando con el Fondo Monetario Internacional (FMI) su vigésimo segundo préstamo de la organización con sede en Washington D.C. en siete décadas. Una vez que se firme un acuerdo, se espera que la deuda de la segunda economía más grande de América del Sur se siga acumulando, sumándose a su deuda actual de 2.800 millones de dólares con el FMI que vence a finales de marzo.

“Durante décadas, la Reserva Federal estadounidense incrementó considerablemente su oferta de dólares en todo el mundo, con consecuencias como la inflación en los países en desarrollo dependientes de la economía de EE. UU.”, dijo Anna Malindog-Uy, profesora e investigadora del laboratorio de ideas Estudios Estratégicos Filipinas-BRICS, en Manila. “Esto puede provocar hiperinflación en el mundo en desarrollo”.

Según los analistas, una política monetaria restrictiva de la Reserva Federal, ejecutada en un corto periodo de tiempo, agravará el problema de la deuda de los países en desarrollo de cuatro maneras diferentes. En primer lugar, aumentará el valor del dólar, incrementando el coste de la deuda denominada en esta divisa. Segundo, incrementará los costes de financiación a escala global, encareciendo el interés del crédito. En tercer término, desincentivará el flujo de fondos hacia los países en desarrollo, limitando de esta forma sus fuentes de financiación. Y, por último, las mercancías denominadas en dólares podrían caer, impactando sobre los países en desarrollo que dependen de las exportaciones de materias primarias, lo cual limitaría su capacidad de devolver sus deudas.