Comer menos podría ayudarnos a vivir más y mejor

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Una mujer mayor de la isla de Okinawa (Japón).
Shutterstock / Sam DCruz

Iñaki Milton Laskibar, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea; Laura Isabel Arellano García, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea y Maria Puy Portillo, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

El envejecimiento es un proceso fisiológico definido por la acumulación de cambios negativos que ocurren tanto en las células como en los tejidos. Los avances en el campo de la medicina han permitido prolongar nuestra esperanza de vida. Pero también han aumentado la prevalencia de enfermedades propias de la edad.

Han sido varias las teorías que se han postulado con el objetivo de dar una explicación a este proceso y, de paso, encontrar cómo ralentizarlo. En este sentido, el ser humano en general y la comunidad científica en particular han mostrado un especial interés en encontrar la fórmula de la eterna juventud desde hace siglos.

Comer menos para vivir más

En este escenario, la restricción calórica es la intervención que ha demostrado ser más efectiva para prolongar la esperanza de vida de diferentes organismos. Esta intervención consiste en reducir la ingesta calórica (entre el 20 o el 40 % de la ingesta diaria de calorías), pero cubriendo las necesidades de todos los nutrientes (sin malnutrición).

Así, se ha descrito que la restricción calórica es efectiva para aumentar la esperanza de vida de moscas, roedores y monos.

Sin embargo, el ejemplo más claro y más ampliamente estudiado sobre el efecto de la restricción calórica en la longevidad es el de los habitantes de la isla japonesa de Okinawa.

En este caso, al estudiar las posibles razones que justificaran la elevada incidencia de centenarios que habitan esa isla, se observó que la nutrición de estas personas tenía características concretas. Los datos epidemiológicos demostraron que, de forma natural, estas personas vivían con una restricción calórica de entre el 10 y el 15 %. Esta característica nutricional justificaría la mayor longevidad y la menor tasa de enfermedades propias de la vejez que se observó en estas personas.

Pero ¿por qué? En cuanto a los mecanismos implicados en los efectos de la restricción calórica sobre la longevidad, se ha propuesto que dicha intervención produce una “adaptación metabólica”.

Dicha adaptación produce una menor tasa metabólica (gasto energético por unidad de tiempo en reposo), una mejora en la eficiencia del gasto energético en reposo y una menor producción de especies reactivas de oxígeno. Esto, a su vez, se relaciona con un menor daño oxidativo en órganos y tejidos.

Por otro lado, la restricción calórica también activa la autofagia, proceso en el que se eliminan proteínas, orgánulos y agregados defectuosos del citoplasma, protegiendo la funcionalidad celular.

Comer menos para vivir mejor

Pero los beneficios de la restricción calórica van más allá de prolongar la esperanza de vida. De hecho, se ha descrito que esta intervención produce efectos beneficiosos en diferentes enfermedades metabólicas y favorece un envejecimiento “más saludable”.

En este sentido, parece obvio que la restricción calórica será especialmente beneficiosa en individuos con obesidad. Sin embargo, también se ha visto que produce beneficios a nivel metabólico en sujetos sanos o sin obesidad.

Por ejemplo, ayuda a reducir el peso corporal (principalmente en forma de grasa), reduce los niveles circulantes de intermediarios proinflamatorios (como el factor de necrosis tumoral α) y disminuye los niveles sanguíneos de glucosa, triglicéridos y colesterol, así como la presión sanguínea.

Del mismo modo, se ha descrito que la restricción calórica reduce la inflamación del sistema nervioso central, proceso implicado en el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas.

Este efecto estaría mediado, entre otros, por la reducción de la glucemia y niveles circulantes de productos finales de glicación avanzada, aumento de la actividad parasimpática o la activación de rutas de señalización antinflamatorias.

Por otro lado, cabe destacar que la restricción calórica modula la composición de la microbiota intestinal (enriqueciéndola en bacterias beneficiosas), la cual a su vez aliviaría la neurodegeneración. En este sentido, el eje intestino-cerebro estaría mediando este efecto neuroprotector de la restricción calórica a través de rutas neuroendocrinas e inmunes.

Así, la composición de la microbiota derivada de la restricción calórica da lugar a una mayor producción de neurotransmisores y sus precursores (como la serotonina y el triptófano) y metabolitos microbiales (como los ácidos grasos de cadena corta) que, una vez superada la barrera hematoencefálica, tienen un efecto neuroprotector.

De la misma forma, la microbiota intestinal también manda señales directamente al cerebro a través del nervio vago, lo cual se cree que puede estar relacionado con la inflamación a nivel cerebral, así como con la respuesta al estrés y el estado de ánimo.

¿Y si hubiese compuestos con los mismos efectos que la restricción calórica?

A pesar de la evidencia científica relativa a los beneficios de la restricción calórica sobre diferentes enfermedades, la realidad es que este tipo de intervención no suele ser muy popular y suele tener una baja adherencia.

Por ello, en los últimos años el concepto de “miméticos de la restricción calórica” ha ido ganando peso. Son una clase de moléculas o compuestos que, en principio, imitarían los efectos antienvejecimiento que tiene la restricción de calorías en muchos animales de laboratorio y humanos.

Estas moléculas inducen efectos similares a los producidos por la restricción calórica (principalmente deacetilación de proteínas y activación de la autofagia), pero sin la necesidad de reducir la ingesta calórica.

Existen miméticos de la restricción calórica de origen natural, entre los que destacan los polifenoles (como el resveratrol), poliaminas (como la espermidina) o antiinflamatorios no esteroideos (como el ácido acetil salicílico).

También se han desarrollado miméticos de la restricción calórica sintéticos, los cuales han demostrado ser efectivos en la reducción de peso corporal y la mejora de la resistencia a la insulina en ratones genéticamente obesos.

Estas moléculas actúan principalmente inhibiendo la ruta de la proteína PI3K, la cual activa el anabolismo y la acumulación de nutrientes (entre otras cosas). Queda por comprobar si los prometedores resultados que se han descrito en animales también se mantienen en humanos.

En vista de los datos disponibles actualmente, queda claro que, más allá de alargar o no la esperanza de vida, la restricción calórica sí nos puede ayudar a vivir y envejecer mejor. Además, los avances que se están llevando a cabo en el desarrollo de miméticos de la restricción calórica podrían ayudar a que los beneficios de esta intervención lleguen a más personas.The Conversation

Iñaki Milton Laskibar, Investigador Postdoctoral en Cardiometabolic Nutrition Group, IMDEA Alimentación. Investigador en Centro de Investigación Biomédica en Red de la Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CiberObn), Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea; Laura Isabel Arellano García, Estudiante Nutrición y Salud, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea y Maria Puy Portillo, Catedrática de Nutrición. Centro de Investigación Biomédica en Red de la Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBERobn), Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.