Atropellos de animales, un problema subestimado

PJeganathan / Wikimedia Commons, CC BY-SA

Sergio Fuentes Antón, Universidad de Salamanca

Durante las vacaciones, hemos realizado miles y miles de trayectos para viajar.

En algunos casos los traslados son de unos pocos kilómetros y en otros prácticamente se cruza el país desde una punta a otra.

Al inicio de cada campaña vacacional se insiste en la importancia de mantener la seguridad vial y evitar el mayor número de accidentes y pérdidas en la carretera. Pero hay otras víctimas directas del movimiento de vehículos en masa: los animales.

¿Quién no ha visto o leído noticias sobre accidentes con jabalíes o corzos, o ha sido testigo en primera persona de cómo estos y otros animales cruzan la carretera, especialmente de noche?

En muchas ocasiones, el perjuicio es para los conductores, quienes, además del susto inicial, afrentan una reparación parcial o total de los vehículos siniestrados.

Pero al otro lado de la escena, la fauna casi nunca sale ilesa de un encuentro con nuestras máquinas. Y el mayor problema que acarrean este tipo de accidentes es que cualquier animal es susceptible de ser atropellado.

Un conejo atropellado en la calzada.
Los atropellos de animales se vuelven una escena habitual durante el verano.
Calafellvalo / Flickr, CC BY-NC-ND

La muerte silenciosa

Parece lógico pensar que la mayoría de información que encontramos trata sobre aquellos animales que afectan directamente al ser humano en una colisión contra vehículos.

Mamíferos de tamaño medio a grande, así como las grandes rapaces, son los que aparecen en noticiarios y prensa y los que encontramos más frecuentemente en el pavimento.

Las estimas de atropello a lo largo del mundo nos arrojan unos datos, cuanto menos, alarmantes.

En Estados Unidos, mueren atropellados diariamente un millón de vertebrados, pero las cifras varían enormemente a lo largo del globo.

Ave atropellada en el arcén de una carretera.
Un pequeño mirlo que recibió el impacto de un vehículo.
Sergio Fuentes Antón, Author provided

Algunas estimaciones apuntan a entre 2 y 9 millones de vertebrados afectados anualmente en Europa, con variaciones entre países. Unas 653 000 aves fallecen anualmente en Países Bajos y siete millones en Bulgaria. 50 000 tejones mueren cada año en Reino Unido.

En España, este problema también está muy presente, aunque los estudios no son abundantes. Los resultados publicados presentan cifras similares a otras áreas del mundo. En Aragón, uno de estos trabajos indica que los buitres leonados fueron la víctima más frecuente entre 2012 y 2014: murieron atropellados hasta 120 individuos.

Pero la peor parte se la llevan los pequeños anfibios y reptiles: en Australia, mueren hasta cinco millones al año y en el Parque Nacional de Doñana (España), los anfibios representan el 67 % de los animales atropellados.

El problema de estos datos es que son estimaciones. Muy probablemente, los animales afectados sean bastantes más. De hecho, es bastante común que no quede ningún rastro de ejemplares de pequeña talla como aves o anfibios tras ser atropellados.

Además, durante el verano, las altas temperaturas favorecen la descomposición de los cadáveres, lo que sumado al aumento de desplazamientos por vacaciones hace que se pierda mucha más información que, por ejemplo, en invierno.

Para muestra, un botón

Desde hace varios años, he estado analizando un tramo de carretera de unos 54 kilómetros entre dos localidades de la provincia de Salamanca.

Para explicar la importancia de los atropellos de manera muy visual, podemos ver en la figura que sigue a estas líneas los datos referentes a parte de ese tramo durante los últimos dos años.

Mapa digital con puntos indicando atropellos de animales.
Atropellos de fauna registrados en una carretera salmantina.
Sergio Fuentes Antón, Author provided

A lo largo del tramo completo, he registrado mamíferos de pequeño a gran tamaño, aves y reptiles. En la imagen podemos ver cómo diversos animales se suceden de forma casi continuada en apenas 30 km. Los más habituales son zorros, pero también hay gatos y perros, lo que podríamos relacionar con otro problema: el abandono animal.

Teniendo en cuenta que la carretera es poco concurrida y el hecho de que muchos animales no pueden registrarse, nos podemos hacer una idea de la fauna que se pierde anualmente.

Extrapolando esto al resto del país, a mayor número de desplazamientos, mayores probabilidades de que aumente el atropello animal.

Soluciones a lo largo del mundo

El atropello de fauna es un problema también para la conservación.

Un elevado porcentaje de los muchos animales que mueren anualmente en las carreteras de España (y a lo largo del mundo) está incluido en alguna figura de protección.

Gran parte de las aves de pequeño tamaño y prácticamente todos los anfibios y reptiles del país se encuentran incluidos en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial o en el Catálogo Español de Especies Amenazadas. Estamos perdiendo gran valor faunístico.

Aquellos lugares donde este problema es más frecuente son los que han tomado medidas más directas para su solución. Es el caso de Australia, por ejemplo, donde las poblaciones de marsupiales se ven muy afectadas por atropellos.

Además de todas las señales de tráfico destinadas específicamente a tratar de frenar los atropellos, la población está muy sensibilizada con este problema gracias a programas de concienciación ambiental.

Incluso existe un hospital para koalas donde se atiende a muchos de estos animales heridos por colisión.

Mono cruzando puente entre árboles.
Un macaco de cola de león cruzando un paso aéreo para primates en India.
RaghunathanGanesh / Wikimedia Commons, CC BY-SA

En zonas de Latinoamérica y Asia donde la fauna silvestre se ve también muy afectada cuentan con medidas adaptadas a determinadas especies. Pasarelas arbóreas por medio de doseles de ramas y cuerdas para especies de monos y otros mamíferos son muy comunes en zonas cercanas a selvas y parques naturales.

En España también existen medidas para controlar los atropellos de fauna, como pasos con barreras situados debajo de las grandes autovías y largas pantallas a lo largo del asfalto para evitar la colisión de aves.

Sin embargo, deberíamos empezar además a sensibilizar a la población sobre la importancia de este tema, creando programas de concienciación ambiental y, muy importante, empezando por los más pequeños.The Conversation

Sergio Fuentes Antón, Profesor de Didáctica de las Ciencias Experimentales, Universidad de Salamanca

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.