El 31 de octubre se cumplen 500 años desde aquel otro de 1517 en que Martín Lutero publicó sus famosas 95 tesis clavándolas en la iglesia del castillo de Wittenberg. Lo que empezó siendo un gesto más de protesta contra el Papa, las bulas y la Iglesia católica de la época –un gesto bastante habitual, todo hay que decirlo– terminó convirtiéndose en una Reforma con mayúsculas que no solo convulsionó a la Iglesia, sino que provocó un cambio en la sociedad de Europa y luego de todo el mundo y también siglos de guerras religiosas. Martín Lutero, monje, profesor y reformador, es el punto central de toda una época.

El 500 aniversario de las tesis de Lutero ha dado pie a la potenciación no solo de las ciudades luteranas de Wittenberg y Eisleben sino también de las ocho rutas de Lutero que permiten recorrer Alemania en todas direcciones descubriendo siempre nuevas perspectivas sobre la vida y la obra del reformador que exponía cosas como esta: “¿Por qué el papa, que es más rico que el Craso más rico, no construye al menos la basílica de San Pedro con su propio dinero y no con el de los pobres creyentes?” Tesis n. º 86 de Lutero. La posibilidad de viajar sin barreras, una excelente infraestructura turística y la fácil accesibilidad de todos los destinos contribuyen a convertir la visita a los lugares donde vivió Lutero –y a toda Alemania– en una experiencia muy especial.

Pero antes de emprender el camino hacia tierras alemanas, vale la pena acercarse al Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid y presenciar la exposición “Lutero y la Reforma”, una selección de las obras de artistas como Lucas Cranach, Alberto Durero, Nicolas Maes o Zurbarán de la colección permanente del Museo Thyssen-Bornemisza que mejor ilustran los hitos de la Reforma iniciada por Martín Lutero. La creación de este itinerario ha sido posible gracias a la Embajada de la República Federal de Alemania en España y a la Fundación Goethe, que con su inestimable apoyo están contribuyendo a difundir una de las colecciones de arte alemán más importantes fuera del país germano.

Recorrido de la exposición

La muestra, que se exhibe en varias de las salas del Museo, se organiza en varios apartados: Santa Ana, el primer aleteo de la Reforma, que fue una figura clave para Lutero desde que en 1505 le prometió que se haría fraile si sobrevivía a una tormenta. Dos semanas más tarde ingresó en un monasterio de Erfurt, estudió Teología y, solo unos años después, comenzó a hacerse las primeras preguntas que culminarían en la redacción de sus tesis contra la compra del perdón a través de las indulgencias con cuya venta fue financiada en parte la construcción de la basílica de San Pedro; Alberto Durero y la Reforma de la pintura, él fue el mayor representante del Renacimiento en el norte de Europa y uno de los primeros aliados de la Reforma. Sin embargo, el pintor de Núremberg inició su propia reforma artística mucho antes de que Lutero comenzara a protestar contra la política de la Santa Sede. La obsesión de Durero fue apartarse de las convenciones pictóricas que imperaban desde la Edad Media.

En las siguientes salas se muestra a Carlos V, el guardián de la Iglesia Católica, el emperador y Lutero se vieron por primera vez en persona en la Dieta de Worms, donde Carlos instó al impulsor de la Reforma a retractarse de sus tesis contra diversas prácticas de la Iglesia de Roma. Lutero aseguró que solo obedecía las Escrituras, pero no convenció al poderoso soberano, que pese a sus graves diferencias con el papa defendió el catolicismo y con él la unidad de su imperio. El mejor exponente es el retrato realizado por el mayor divulgador de la Reforma, Lucas Cranach el Viejo. Al igual que otros artistas alemanes, Cranach quería que sus retratos reflejaran espiritualidad e individualidad, por lo que enfatizó el labio inferior caído y el mentón prominente del emperador. Otros temas pictóricos menos comprometidos se muestra bajo el título El bodegón y la independencia de géneros, con la Reforma, en el norte de Europa emergieron corrientes iconoclastas que promulgaban el fin del mecenazgo de imágenes religiosas. Esto originó el desarrollo de géneros que hasta entonces eran considerados menores, como el paisaje, el retrato y, sobre todo, las naturalezas muertas. El bodegón se utilizó para exhibir el poder colonialista de estos países. La mayoría de sus productos carecía de referencias religiosas, lo que favoreció el comercio con Oriente.

Bajo el título Escenas domésticas, la Reforma en el hogar se muestran imágenes de interior. A diferencia de los católicos, que recurren a la Virgen como icono de maternidad, los artistas protestantes optaron por el hogar para representar la ejemplaridad y el rol de la mujer en la familia. Un comentario frecuente entre los habitantes del sur de Europa es la ausencia de persianas en este tipo de escenas. La explicación más obvia es la leve intensidad del sol en estas regiones, pero también la transparencia asociada a la Reforma: si se es moral, no hay nada que esconder. Y, por último, La Contrarreforma, que surgió como respuesta al establecimiento de la nueva religión, por parte de la Santa Sede que la inició al final del Concilio de Trento (1545-1563, con interrupciones). El Concilio subrayó las diferencias con el protestantismo y corrigió los despropósitos más graves de la Iglesia católica de aquel entonces. Respecto a las imágenes, se definieron útiles para evangelizar y se animó a las congregaciones a actualizar su repertorio. Para cuando Zurbarán empezó a pintar, se seguían necesitando nuevas obras en España y en América. Su Santa Casilda es una vuelta de tuerca del arte sagrado, puesto que las facciones son las de una persona real interpretando a una mártir, lo que se conoce como “retratos a lo divino”.

Tras los pasos de Lutero en Alemania

Seguir los pasos de Lutero en Alemania supone desde luego visitar Wittenberg, convertido en un lugar protestante de peregrinación, y considerado como la cuna de la Reforma. Fue aquí donde Martín Lutero clavó sus 95 tesis a la puerta de la iglesia del castillo el 31 de octubre de 1517. Aunque, de hecho, no hay evidencia histórica que apoye la exhibición pública de las tesis, la ciudad ha sido claramente moldeada por el legado histórico de la Reforma hasta el día de hoy. Los sitios famosos de la Reforma en Wittenberg están entre los lugares más importantes de la historia alemana. La antigua casa de Lutero es probablemente el museo más grande del mundo dedicado a la historia de la Reforma. La Iglesia de Santa María, donde Lutero predicó y compartió pan y vino durante la Santa Comunión por primera vez, y la iglesia del castillo, donde se encuentra la tumba de Lutero, atraen a visitantes de todo el mundo cada año.

No fue sólo Lutero quien vivió en Wittenberg, su amigo íntimo y partidario, el famoso pintor Lucas Cranach el Viejo, también fue residente en la ciudad durante mucho tiempo. Vivió y trabajó en los patios Cranach del estilo renacentista en Wittenberg. Hoy en día, el complejo renovado es el hogar de una exposición sobre la vida y los tiempos del famoso pintos. Los visitantes también pueden ver a los artistas trabajando o disfrutar del ambiente histórico en un café tranquilo.

Otra visita imprescindible es Eilenburg, en las afueras de Leipzig, en Sajonia, que fue una vez la residencia de la dinastía Wettin. Su apogeo fue en la Edad Media, cuando floreció su industria cervecera. Martin Lutero visitó esta próspera pequeña ciudad rural varias veces entre 1522 y 1545. Lutero era conocido por el apetito saludable que disfrutó de la parroquia de Zum Bären, de Eilenburg, donde conoció a otros líderes de la Reforma. A juzgar por sus relatos de su época, está claro que comió bien mientras ponía el mundo del revés. Los registros muestran que Lutero predicó en la Iglesia de Santa María en varias ocasiones. La iglesia todavía se puede visitar.

Pero además de esta ruta, que es la más evidente y la más vinculada a la historia de Lutero, otras ciudades y rutas cobran protagonismo, bien porque formaron parte de los recorridos de Lutero por Alemania o porque celebran muestras especiales en su quinto centenario. Así Berlín y Wittenberg serán escenario de una muestra especial junto a Wartburg en Eisenach. Estas tres se pueden visitar consecutivamente. Las huellas de la Reforma son muy variadas y a veces se encuentran donde uno menos se lo espera. Porque no sólo han quedado marcadas por aquella época las ciudades de Lutero, sino también Eisenach, Erfurt y muchas otras localidades más pequeñas en el land de Turingia. Además, grandes atractivos artísticos y arquitectónicos enriquecen esta ruta creando una imagen de máxima autenticidad.

Martín Lutero tuvo que hacer frente a una enconada oposición desde todos los frentes. No sólo los obispos y otros altos dignatarios eclesiásticos lucharon contra la obra de la Reforma, también los príncipes mundanos vieron en su misión un acto de desobediencia inaudito. La cuarta ruta muestra algunos de los lugares más importantes en los que Lutero llevó a cabo su lucha, en la que finalmente siempre consiguió imponerse. El éxito de la Reforma es impensable sin los muchos viajes que hizo a otras regiones de Alemania; siempre estaba dispuesto a enfrentarse a sus opositores. Esta quinta ruta rememora algunos de sus viajes a lo largo de un trayecto que resulta especialmente atractivo por sus paisajes y que invita a hacer grandiosos descubrimientos en Francfort y Berlín.

La Reforma tuvo que recorrer un largo camino desde la proclamación de las tesis hasta lograr una amplia aceptación entre el pueblo y los príncipes. Lutero consiguió ganarse una y otra vez localidades y regiones para su causa y sus ideas, casi siempre mediante largos y fatigosos viajes. Esta ruta pasa por algunos de sus destinos, incluso los que están en el actual land de Hesse, regresando al final a las famosas ciudades luteranas de Sajonia-Anhalt, Turingia y Sajonia. Francfort y Leipzig, ambas estaciones de la séptima ruta, están entre las ciudades más importantes del Sacro Imperio Romano Germánico de la nación alemana. Pero Lutero visita una y otra vez ciudades más pequeñas, e incluso pueblos, para exponer sus ideas con gran elocuencia.

La Reforma no llegó de la noche a la mañana. Ya hubo ideas reformadoras antes de Lutero; el naciente humanismo europeo fue el caldo de cultivo donde germinó un pensamiento nuevo, a menudo de carácter radical. Y eso hace que merezca aún más la pena echar un vistazo más allá de las fronteras, por ejemplo, hacia Francia o Suiza. Ciudades como Estrasburgo o Zurich eran en aquel entonces los epicentros de la impresión de libros y contribuyeron a la difusión de las ideas de Martín Lutero.

Más información:
www.museothyssen.org
www.espana.diplo.de
www.fundaciongoethe.org/es
www.germany.travel/es/index.html
www.visit-luther.com